De nómadas los puentes se visten. Los vistos entre resurgida, la vía resurgida. De nómada la voz se pinta, pero sigue resurgida en las liras ventanales.
Me cuesta narrarte, voz nexo en lengua atadura.
Decirte no puedo, hilante, no puedo.
De lengua aguja.
María dejó caer la venda en sus brazos
con la catatonia entre las piernas. Creo que deliraba.
En cruz posaba su alma, pero invertida
la cruz, decía.
María sin piel, o en radioactivo caía
la piel barata en tus brazos.
En grave subsuelo,
de agua-tinta se mecía
a flote.
La pobre María entre rejas frialdades
y cuchilladas sin piel , temía.
Déjala en su vacía absenta ,
a María de catatonia abyecta
sigilosa por las vías de subsuelo. Oh, deliraba
sí, entre rejas frialdades, María invertida, de agua-sangre se reía.
Hazme callar.
Verbo de las brasas, predicado sin sujeto.
Ya te vislumbré en la lejanía presente. Hilado.
Hincaste tu boca en mi boca, y tus ojos en mis ojos, y sacrificaste el cielo en... Me naciste en el estigma de Caín; me concebiste, Verbo, vendada en una monarquía condena, bajo lo que creí surcos de hiedra enredada.
Hazme callar, Inquisidor.
Hilando espacios errantes.
Eres un niño ritual en la lividez, jerárquico de piel y sadismo. Mi narrador. Sin mal ni bien, pretendiendo la liberación entrelazada. Mi narrador, soy un aborto de voluntad extraviada.
Cómo mira sus muñecas.
Poco más y las taladra.
Poco más y las engulle.
Y chilla en su aliento.
Poco más y respira.
Poco más y destruye.
Perviértela, reflejo, perviértela en la ventana mientras diluvia. A tu virgen vacía, cuyo cuerpo de chorrear, chorrea nada; (risas) de venas ciegas y lazos mudos se enamora. La muy errada.
Sucumbe en su ventana, reflejo. Un santuario de olvido solitario. No. De habano consumido. No. De humo sagrado.
En su umbral de caduco albedrío, hazlo. Pervierte y arroja a la virgen chorreante.
a tu virgen suicida.