jueves, 23 de mayo de 2013

La línea púrpura

A sabiendas de mi paralelismo al techo,
él era yo, y yo era él.
Comunión en una imagen fija,
la línea y el cuerpo. 
Y acallada voz
la tuya. 
Criatura. 

Y a sabiendas del riego sanguíneo;
que regará tus espacios,
que regará tu nombre,
que es mi nombre.
Teme la sangre,
que es tu sangre.

Violento sagrado,
mayúscula y cursiva
en mi lirismo, criatura;
yace lenta y desoladamente,
lívido y callado.

Y cuando desvaída,
la imagen fija de línea y cuerpo,
temeremos la sangre, que es nuestra sangre,
que es mi nombre (tu nombre)
y derramaremos los espacios.

A sabiendas de tu nombre, criatura.






jueves, 9 de mayo de 2013

Saturno cierra los ojos

Ophelia deliraba. Dios sabrá por qué, pero Ophelia deliraba haciendo de su angustia una mortuoria saturnal de convulsiones y gemidos.
Ophelia estaba cetrina. Dejaba escapar de unos labios blancos y costrosos aúllos de cisne moribundo.
Pobre Ophelia, cantándole al final.
El sudor se acumulaba en el glorioso espacio que formaban huesudas sus clavículas. Yo amaba esas clavículas con ardor.
Llovía en su frente, empapando la cabellera larga y enmarañada.
Ophelia suspiraba con la acidez de un vagabundo, moviendo espasmódicamente unos ojos que ya no pertenecían a este mundo. Nunca pertenecieron.
Y con ese aura mística de los mártires, Ophelia alzaba los brazos hacia el edén lánguidamente, como las sílfides románticas, muertas y vírgenes.
El sudario mojado en que se había convertido su camisón dejaba entrever un acantilado enfermo y unos montes abusados.
Pobre Ophelia, Dios sabe también que no podría haber hecho nada por ella. Y yo amaba a Ophelia, más muerta que viva. Convirtiéndose en la estampa de mi más ferviente religiosidad. Conviertiendo su cuerpo expirante en un puente contemplativo entre su espíritu y el mío. Y qué hermosa estaba, entre los brazos de la Noche.

Sí, Dios sabe que la amaba; y que nunca, jamás, podría haber hecho nada por ella.


sábado, 27 de abril de 2013

τέφρα

Ojalá fuera humo.
Inexistencia danzante en tu boca, furia
salvaje en tus recuerdos tormenta púrpura.

Exhalando el espíritu marchito y cenizo
sólo en tu boca hiladora
sólo en tu boca nociva .

Ojalá fuera humo, hilante,
Crónica en tu cáncer, sabia y salvaje;
y loca al borde de la soga amarte.

Hundido en el violáceo,
el humo marchito y cenizo
hila  saliva observante,

con ojos, tu boca danzante.
Ojalá fuera humo,
mendigo del silencio en palabras que arden.

Tocarse sin  tocarse,
mirarse sin  mirarse
y morir, sin  morir.


Ojalá fuera tu humo casi humo,
muerta, medio  muerta.
Exhalando tu espíritu marchito y cenizo
en mi boca hilante.

Con el ánima
furiosa, tormentosa , púrpura y salvaje.






jueves, 11 de abril de 2013

Vuelve a hablarme, planeta

De nómadas los puentes se visten. Los vistos entre resurgida, la vía resurgida. De nómada la voz se pinta, pero sigue resurgida en las liras ventanales.
Me cuesta narrarte, voz nexo en lengua atadura.
Decirte no puedo, hilante, no puedo.
De lengua aguja.

Y Plutón puente.


domingo, 7 de abril de 2013

Bang bang

         ¿Qué mierda les pasa a las nenas?
                                                    Porque provocaré un holocausto gracias a sus paridas.



lunes, 25 de marzo de 2013

La santa subsuelo

María dejó caer la venda en sus brazos
con la catatonia entre las piernas.  Creo que deliraba.
En cruz posaba su alma, pero invertida
la cruz, decía.
María sin piel, o en radioactivo caía
la piel barata en tus brazos.
En grave subsuelo,
de agua-tinta se  mecía
a flote.
La pobre María entre rejas frialdades
y cuchilladas sin piel , temía.
Déjala en su vacía absenta ,
a María de catatonia abyecta
sigilosa por las vías de subsuelo.  Oh, deliraba

sí, entre rejas frialdades, María invertida, de agua-sangre se reía.





miércoles, 13 de marzo de 2013

Braxs

Hazme callar.
Verbo de las brasas, predicado sin sujeto.
                                                     Ya te vislumbré en la lejanía presente. Hilado.
Hincaste tu boca en mi boca, y tus ojos en mis ojos, y sacrificaste el cielo en... Me naciste en el estigma de Caín; me concebiste, Verbo, vendada en una monarquía condena, bajo lo que creí surcos de hiedra enredada.

Hazme callar, Inquisidor.
                                                      Hilando espacios errantes.
Eres un niño ritual en la lividez, jerárquico de piel y sadismo. Mi narrador. Sin mal ni bien, pretendiendo la liberación entrelazada. Mi narrador, soy un aborto de voluntad extraviada.

Transladada en tu lirismo veneno.