viernes, 25 de octubre de 2013

Mea colpa

No me mires así,
como esos, aquellos perros que miran
salpicados de tierra tierna,
mojada
los quejidos parnasianos
de una presa
horizontal.

No me mires así,
Canino
que tú no juegas con ella
como lo hacen crueles los felinos,
tú pides perdón
por una culpa
donde no existe cazador.

Créeme.

La dermis no se vuelve blanca,
la boca no se vuelve roja,
las montañas no se mueven.
La misa no es sagrada,
ni tus palabras
son altar.

No es culpa mía
que creas que me acerco a tu oreja
por ardor o lascivia
cuando, ya sabes,
es más bien cosa de melancolía
e insidia.

Y

¿Qué le hago yo,
si soy la de las manos frías?
No me mires así,
Canino.

No es culpa mía
si crees o piensas que
soy tristeza desvalida.

O una señal inversa.

No, Canino,
créeme
no es culpa mía.





sábado, 12 de octubre de 2013

Quería (quiero) tan sólo intentar vivir lo
que tendía (tiende) a brotar espontáneamente
de mí. ¿Por qué había (es) de serme
tan difícil?

                                                                     H.H.


jueves, 3 de octubre de 2013

miércoles, 2 de octubre de 2013

La hondonada creciente

Inicua
la mascarada
del espíritu vulnerable

detestable en los ojos enrojecidos

Inicua
la venganza
del cuerpo en el púlpito

con la piel a punto contradicho

Vacua
la comedia
en la comisura
de tus labios

Vacua
tu mano miserable
hondonando
bajo mi falda

Pretenciosa la sal

Silenciado el chillido

salvo por lo literal
de su sonido

Y peligroso
el mundo decreciente

a nuestros pies


sábado, 21 de septiembre de 2013

Mira abajo

Ancestra posibilidad
de captar al que mira
se hace prohibida
cuando prima
la soledad entera

el vaso sendero
reflejado destilado
y agujero
arrastra el carácter
puro y más primigenio
al vértigo
desde su balcón
que manifiesta llamando
desde lo más bajo
desde lo más reflejado
tu nombre
viperino y saturado
y es
interrumpido
por líquido esparcido
del metro último

privilegio fatuo de la llama
incandescente
y arraigada
de un sentimiento vespertino
que chilla
más que huye
cuando ya no queda
nada más
que nada.



viernes, 13 de septiembre de 2013

Lo fui, y no lo supe

A prebenda de Satán
Naturaleza
que en este mismo infinito existencial
ruge con cándida furia,
me debo niña casi completa;
mas aún no.

Falta saltar
de lo que dijo.

El dolor me llega
desde el núcleo pélvico
y concluye probablemente
en la flaqueza
nubla
del frontal cerebro.

Casi respiro completa,
ahora que se ha calmado
el clamor borrascoso
de las flores y la ironía
que puedo
ansiar.

No sé. No sabía. No sé nada.


                                                      Una vez fui salvaje,
                                                      no permitiré que me domen.


                                                                                                               i s ra   d n ca n