martes, 13 de agosto de 2013

Primero actúa hermosa la lírica

La definitiva decisión,
de un revólver en la sien,
poetiza unos rayos lumínicos,
reflectados y místicos
en el trote afilado de un chacal,
quizás de un búfalo cansado,
eclosionando evidente
en el polvo terroso y límbico,
de un desierto ambiguo,
puede que salpicado 
de un matiz violento,
rodeado de incoloro antiséptico.
Pero es lírico y hermoso
el extraño impulso insidioso
de alentar al gatillo
al desahucio de una puerca existencia,
triste y probablemente errada,
cuya habitante alma joven 
y ansiosa revienta
probable que en un rostro aún más ingenuo.

Esuúcha, hija, catástrofe y ruina

no llores, 
primero actúa hermosa la medianoche,
y la tormenta podría llegar más tarde;
así que no llores corazón,
que el cuerpo muere antes;
y al alma, más si es errada y joven, 
se le permite evocar,
gentil y pura,
el más triste de los últimos suspiros.


miércoles, 31 de julio de 2013

Río que es juicio

No quedan tiempos inocentes
bajo el agua
presa.

La ducha traduce un viejo confesionario,
río y llorando bautismos diarios;
que sus claustros sudan penas, bramidos
de aquellos caracteres indómitos.

Que me apoyo en esas paredes mártires
y chillo.

Que me apoyo,
miento
y me ahogo.

No siendo un río de agua sagrada, sino
un flujo hundido,
la mueca del alma se torna
de color pesado y podrido.

Y sufro con ellas.

Limítate a la muerte 
rocían sus entrañas.

Y miradas que son heridas.






martes, 9 de julio de 2013

Viajera

Sólo recuerdo existencia en la noche,
salvando los ojos ajenos. Transitados y torpes.
Cada inspiración, un salto al vacío,
tirante de un hilo conductor inalcanzable al suelo.
Serena inmóvil, inducida al lenguaje, que lentamente,
lícitamente
suavemente
redime el fin del resto.

Sólo sé que parpadearon aquellas luces.
Sólo recuerdo existencia entre unas paredes que viajaban en movimiento, y aquella vez que miraste y miraba el techo derramar flujos atroces.

Y mientras parpadeaban, la densidad del negro profundo
caía
suavemente
lícitamente.

Existían las luces.

Y serena inmóvil, me supe decir
sola y densa.




jueves, 13 de junio de 2013

Ayer esos hermosos polvos que en polvo quedaron

He recordado la infinitud de una línea continua, dibujada sobre el manto asfalto y desierto. Quizás era madrugada, que los faros iluminaban ese destino guía con la luz de cada centímetro presente. Yo llevaba una botella de algo peligroso, que posaba en tus labios de matices segregados. Sí tú, inabarcable loco, eras el que dibujaba la línea continua entre mis piernas. Conductor kamikaze, veloz y eufórico animal por ese asfalto que Dios sólo sabe.
Los espíritus sollozaban a nuestra costa, que pobres sin consuelo, lamentaban nuestros nombres. Y nosotros, nosotros sólo amábamos el veneno que sugerían cetrinas nuestras carcajadas, cada vez más perturbadas.
Dejaste de lado el volante para salvarme. Socorriendo mi detestable hambre subterránea. Siendo tuya y devota, Mesías, con tu piadosa violencia; nos quemábamos sin pureza ni dicha. Transgredidos y desbocados en nuestro altar.
El coche erraba solitario, decidiendo cabalgar por el sur límite de nuestros costados.

Y nosotros caímos, nos quemamos; nos inmolamos en un fuego profano y sempiterno, como tú, como yo, como nuestra hambre y nuestro absurdo. Reencarnados en furia como lobos sanguinarios.

Y al amanecer, cantaban nombres los pobres espíritus, a aquellos rostros ceniza , huesos esteparios, implosionados rabiosos en su sacra pira.





domingo, 9 de junio de 2013

φίδι

Cala el sucio frío de los ojos de Circe, que es hechicera proscrita entre rascacielos y teclados. Da igual que tiempo o época subordine el mundo; el sucio frío de los ojos de Circe seguirá doliendo igual.

La conocí por casualidad, no sé en qué centímetro pretérito, que ella me agarró del cuello y me miró a los ojos, con el desafío animal de las arcaicas criaturas griegas.
Numen del Stigio, la invoco, porque esas manos fueron cinceladas para corromper lo incorruptible. Y ese hielo, para helar lo ardiente, y convertirse en fuego ardido, así, en participio.
Circe me sostenía entre las manos, con los dientes asomando, y las uñas clavando hijos de ira sosegada. Circe sonreía y Circe abrió la boca, que era cruel y hermosa, y la abrió ansiosa, porque Circe tenía hambre.

Y ya imaginarás cómo acabó todo. Dentro de ella, de esta bestia mística, hace frío.
Pero nada comparado como cuando vuelve los ojos hacia sus vísceras, hacia nosotros,
puesto que dentro de sus entrañas, no; no estoy sola.